17 jun. 2009

Dave y Dalila

Había una vez un par de cavernícolas, sus nombres eran Dave y Dalila.

Es obvio que en contexto histórico no se llamaban así pero la simpatía de sus nombres es necesaria para contar esta historia.

Dave y Dalila se querían mucho, se alegraban al rodearse de la megafauna y vanagloriarse en su mundo recién sedimentado sin volcanes, en palabras más sencillas, ellos se transaban.

Fue entonces cuando esta dupla se vio bendecido con un bebé llamado Diego, sí Diego. Sus padres le dieron amor y atención, pero sobre todo atención. Dieguito creció rápido y de pronto llegó a ese periodo conocido como adolescencia. Oh sí, los pelos.

Cuando Diego empezó a interesarse por el sonido de las rocas ya sus padres lo desconocían y el por supuesto fue de los primeros en emplear la frase "ellos no me entienden". Y no lo entendían. ¡Al chile!

El tiempo pasó y Diego se emparejó y tuvo sus propios hijos. Fue ahí cuando se dio cuenta de que cada vez que sus papás le dieron un filet de brontosaurio en vez de sus papas a la Pangea, si bien no lo entendían, se estaban preocupando por él.

Aunque este relato date de millones de años, la historia se repite otro millón de veces más. Puede que no sepamos lo que queramos y otras personas sí, entonces, ¿por qué cerrar nuestra mente hacia los consejos?

En los momentos en que necesitamos guía es cuando a la mente llegan las ideas, puede que se contradigan entre ellas, pero me atrevería a decir siempre sabemos cuál es la mejor.

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