9 ago. 2010

Que si la morsa no era Lennon

"Que si la morsa no era Lennon no me importa si yo quise que así lo fuera cuando lo escuché. No me importa lo que estuvo detrás. No me importa que Alicia fuera en realidad una amiga de Lewis Carroll. Que no, que no, que no... porque para mí Alicia soy yo y la morsa es mau y lo que importa es lo que me hace sentir y no lo que querían que yo sintiera."

El otro día me encontraba revisando algunos textos, hasta que por azar del destino si así se le quisiera ver me topé con un artículo que comentaba, que en el marco del lanzamiento de una novela de Alexander Obando, un tal Felipe Granados había realizado su última lectura pública. El morbo, claro está, fue el que me llevó hasta la noticia de su fallecimiento y con esta alcancé a probar uno de sus últimos textos publicados, uno en el que él precisamente narraba su último día.

Para el momento en que fue publicado quizá muchos desconocían su situación y simplemente lo vieron como algún gesto extraño por parte del autor referido. Otros quizá se autoevaluaron y se pusieron por los minutos de lectura en los zapatos del hombre en cuestión. Yo no sé, pero para ese momento no caía "el mundo" en cuenta que tan solo un año y unos días después Granados dejaría nuestro terreno pre-limbo.

El texto me hipnotizó. Me hizo recorrer el mercado con él, me figuró escribiéndome una esquela y otro poco de cosas mitad del dulce delirio generado por la lectura y quizá otra porción producto a la experiencia personal. Él sabía que se iba, simplemente se anticipó.

Pensé en Syd inmediatamente, en como su estado influyó en la creación de uno de los ábumes más icónicos de la historia, mi favorito por cierto, y en como el fenómenos mediático que vivía la banda para ese momento influyó también en sus letras. En mi persecución por la información respectiva a muchas otros grupos, películas, libros que me han gustado, también me he topado con sorpresas desagradables o hechos que me han visto ver cada obra de un modo diferente.

Por eso, cuando me encontrara yo con una persona capaz de pronunciar las palabras citadas arriba (hola) tuve que brincar. Tuve que salir en la defensa de los derechos del consumidor de productos artísticos y señalar que cada obra tiene su background, y que este como tal jamás podría ser ignorado, por más que se quiera tomar la obra como propia.

No me queda claro si averiguar las razones de la creación de cualquier obra le suma o resta subjetividad al asunto, pero sí estoy seguro que quizá cambie la perspectiva, quizá nos repugne, quizá nos sensibilice. La primera vez que escuché Shine On en mi vida tenía diez años y estaba solo en mi casa. La melancolía del track, su energía, me cautivó instantáneamente y no fue hasta años después que retomé ese viejo cassette y le di uso de nuevo, para iniciar lo que ahora podría llamarse el amor de (casi) toda una vida.

He llegado al punto de determinar que independientemente del origen de la canción o el disco, quizá no se trate de que la obra no nos guste, puede que solamente sea que no nos ha llegado el momento en que nos identifiquemos plenamente con ella, que no sintamos lo mismo que el autor en ese momento y por esto la rechazamos u optamos por otra obra que podamos digerir con mayor facilidad.

Porque al final no importa si uno está detrás o adelante de la obra, sino como uno quiera posicionarse. Un día somos el hombre en la caja y otro día el hombre que recibe la ovación, como lo pondría Mr. Angier y quedará en cada uno de nosotros, tomar la obra como tal o ser parte de ella.



*Foto por el siempre laureado Leo Carvajal.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

bueno, creo que me pudo haber matado unpocomucho solo hablando de Shine On You Crazy Diamond de esa forma.
[no era para el señor Barrett(mi segundo favorito), era para mí]

sigue sin gustarme la vara del último día.

sigue gustándome leerlo a ud.

Anónimo dijo...

..y sí, soy Anónimo.
[hola :P]