3 nov 2009

Signos/Símbolos

Mi mamá siempre me dijo que los detalles y las palabras lindas eran para la novia. Así lo dijo y así me lo diría si pudiera acudir a ella en este momento. Probablemente no soy el único que oyó esto alguna vez, y un detalle como llevar flores es un ritual infalible para ciertas ocasiones.

Así que él iba de pie en el bus, cargando sus rosas que pronto regalaría, fue lo primero que noté al dirigirme a la parte trasera de mi vehículo. Como era de esperarse, no fui el único que robó miradas al tipo. Una joven ubicada en los asientos aledaños con su novio, no hacía sino mirar fijamente aquel ramo que se balanceaba con el movimiento del bus, intercalando sonrisas a su novio, quien le sonreía de vuelta sin entender la indirecta.

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Ahí estaba ella, sentada como una diosa en su trono. El frío viento de la ventana no la inmutaba, ella sólo rebuscaba su teléfono en el bolso posado sobre sus muslos, los cuales eran descubiertos por una enagua a cuadros.

Jugueteaba con su cabello, y como si nadie la observara mordía suavemente sus uñas. La gloria eran sus labios.

Fue entonces cuando noté una fina cadena colgando de su cuello. Tenía que ver el dije. Miré con detenimiento su escote hasta llegar a su busto y logré divisar ahí entre sus senos, una pequeña mitad de corazón.

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Un pasajero se levantó y abandonó su campo, él aprovechó para movilizarse rápidamente hasta ese lugar, siempre resguardando sus flores y en un acto de valentía se sentó al lado de un macho, que miraba perplejo el papel celofán con rosas impresas. Eventualmente nuestro protagonista se bajó y esta vez hasta el macho volvió la cabeza para despedirlo con la mirada perdida entre la lluvia.

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A veces no necesitamos decir lo que sentimos. A veces un simple beso en la cabeza o una sonrisa, dice más que un te quiero. Pero lanzar estos mensajes y no recibir una respuesta afirmativa o no lograr que la otra persona capte el mensaje es tan decepcionante como comer afuera macarrones y encontrarse lo mismo cocinado en la casa.

Los símbolos o signos pueden servirnos para demostrar con exactitud lo que sentimos o queremos, pero debemos entender que lo que es obvio para nosotros, puede ser tan sólo un beso en la cabeza o una sonrisa para los demás.

15 sept 2009

Ad Honorem

Hoy es uno de esos días en que los ojos se caen y la música suena.

Y no, no es porque sea 15 de setiembre, simplemente a veces el ánimo no le deja a uno sobresalir o tomar partida en el día.

Dediqué mi tarde a tocar batería, a leer artículos en 89decibeles, hacerme un nuevo avatar, publicar una noticia y leer al fusil.

Estoy escribiendo con párrafos minúsculos, cosa que no suelo hacer y escucho un hit de Jason Mraz y un poco de Nirvana, cosa que tampoco. De todo esto podemos diluir suficiente información para determinar mi actual estado de ánimo. ¡Yuju!

Hay momentos en los que uno se pregunta si esos favores en los que caemos, que no eran del todo requeridos siempre cumplen con su objetivo. Yo sé yo sé que no podemos caer en el emo, pero tampoco podemos dejar de lado que muchas veces queremos contribuir o queremos hacer algo que nos nace y esto resulta tener tanta relevancia para otros como los 4 LPs de Shaq.

Lavar los platos y no ser remunerado agradecido es algo. Pero cuando son los sentimientos lo que se brindan -no los cayos con Axión- y no se es bien recibido, es algo humanamente inexplicable.

No por que no se asimile el rechazo, si no porque así es el sentimiento, inexplicable.

Probablemente dentro de un tiempo me ría de lo que estoy escribiendo, y haya aprendido algo de esto, pero por hoy sólo quiero comer cochinadas y tener mi propia venganza en Seattle.

17 jun 2009

Dave y Dalila

Había una vez un par de cavernícolas, sus nombres eran Dave y Dalila.

Es obvio que en contexto histórico no se llamaban así pero la simpatía de sus nombres es necesaria para contar esta historia.

Dave y Dalila se querían mucho, se alegraban al rodearse de la megafauna y vanagloriarse en su mundo recién sedimentado sin volcanes, en palabras más sencillas, ellos se transaban.

Fue entonces cuando esta dupla se vio bendecido con un bebé llamado Diego, sí Diego. Sus padres le dieron amor y atención, pero sobre todo atención. Dieguito creció rápido y de pronto llegó a ese periodo conocido como adolescencia. Oh sí, los pelos.

Cuando Diego empezó a interesarse por el sonido de las rocas ya sus padres lo desconocían y el por supuesto fue de los primeros en emplear la frase "ellos no me entienden". Y no lo entendían. ¡Al chile!

El tiempo pasó y Diego se emparejó y tuvo sus propios hijos. Fue ahí cuando se dio cuenta de que cada vez que sus papás le dieron un filet de brontosaurio en vez de sus papas a la Pangea, si bien no lo entendían, se estaban preocupando por él.

Aunque este relato date de millones de años, la historia se repite otro millón de veces más. Puede que no sepamos lo que queramos y otras personas sí, entonces, ¿por qué cerrar nuestra mente hacia los consejos?

En los momentos en que necesitamos guía es cuando a la mente llegan las ideas, puede que se contradigan entre ellas, pero me atrevería a decir siempre sabemos cuál es la mejor.