11 nov. 2009

Anotaciones

I

La verdad absoluta no existe. Siempre será enunciada por algún individuo tiñéndola de su propia subjetividad. Y aunque se cree una máquina que sea capaz de tirar estas verdades, siempre habrá sido forjada y programada por sujetos con seso y criterio, por lo que jamás será objetiva.

La discusión, el enojo, la perfidia a los sentimientos. No se explica por qué llegamos hasta ahí, aunque la frustración siempre termine siendo la compañera de nuestra soledad. Es ese momento en que se quiere correr por el pasillo y salir volando, a un lugar de esos donde me puedo distraer. Mi música solía ser ese lugar, pero ahora ahí estás vos.

En cada nota, en cada beat me aparecés, me golpeás con tu sonrisa y hasta ahí llegué, ya ni mi música es mi refugio. Yo te quiero, pero no sé si lo he dejado claro. Por eso entre esas notas he intentado mandarte mensajes, así como vos has dejado no mensajes, sino recuerdos en cada una de ellas.

II

La vida es dura. Como mi cabeza.

Yo no soy un Adonis y menos un Freud. Tal vez un Platón. No he dicho todo lo que he debido, aún así me he esforzado por explicar cada palabra, para terminar confundiéndote más. Sólo en el silencio y abrazado por la oscuridad es cuando puedo pensarte y definir lo que quiero. Lo podría intentar en persona, si me lo pedís.

III

El destino no está dentro las limitaciones de nuestra mente. Está en nuestro corazón.

Yo sólo quería construir algo para vos. Algo que le diera sentido a mis pensamientos, a la obsesión que me genera oírte y quererte. Por eso estoy aquí escribiendo capítulos imaginarios, como si fuera un episodio de Frasier.

Yo sólo quiero ser parte de vos, como ya sos parte de mí. Yo quiero despertar de este sueño. Quiero moverme como la otra gente, sin encontrarme una sonrisa en cada paso a tu lado, en cada noche que te he soñado.

Quiero seguir encontrándote
en este corazón que palpita,
por cada momento que me has visto y te he sentido
por cada vez que he te pensado,
para que no quede en el olvido.

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