19 nov. 2009

De Somníferos y Agujas

Hay veces en la vida que recuerdos vienen a nuestra a nosotros y no sabemos qué hacer. Vienen a nosotros por obra del destino y eventualmente es nuestro destino el que terminan afectando.

Nos visitan por las noches en la soledad de nuestro cuarto, donde el calor de una cobija jamás nos defenderá. Cerramos nuestros ojos para ignorar la situación, pero la sístole y diástole ya no nos dejarán dormir. Intentamos levantarnos pero algo nos marea y nos nubla la vista. Esperamos.

Un bostezo fuerte nos trae una lágrima y un mal recuerdo nos puede traer mil más. Ese recuerdo nos puede hacer sentir como si de pronto ese corazón que suena, dejara de latir y se hundiera hasta llegar al colchón. El dolor interminable del órgano con el lecho.

¿Por qué no quedarse en la oscuridad? ¿Por qué no revolcarnos hasta conciliar el propio sueño? ¿Por qué no cerrar los ojos y desconectarse por un instante?

Hay veces en la vida que recuerdos vienen a nuestra a nosotros y no sabemos qué hacer. Son esos precisos momentos en los que debemos tomar la aguja del perdón y zurcir los dolores del pasado; dejando un beso en la herida no para olvidar, sino para recordar el sabor del momento y sonreír por un instante.

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